Sociedad

Sobre la ruta serbia II: “No he visto la guerra”

Artículo publicado el 24 de Julio de 2008
Artículo publicado el 24 de Julio de 2008
Entre guerra de la información y la desinformación sobre la guerra, cómo percibir los efectos del conflicto en la ex Yugoslavia.

Ataques quirúrgicos en pantallas deshumanizadas

Las guerras de la ex Yugoslavia me habían descubierto una forma nueva de hacer guerra. Algo así como una “guerra de la información”, un conflicto virtual. En las pantallas, se veía -como a través de un videojuego- la destrucción de los paisajes con esos ataques llamados quirúrgicos. Una forma de olvidar la idea de que una bomba mata, destruye, pulveriza. La verdad es que diez o veinte años después, tengo la impresión de sufrir amnesia. Las fechas se mezclan, los puntos de referencia desaparecen. Necesitaba ir a comprobar la información en las calles de Belgrado, para ver el impacto de las balas, aún presente, y los edificios destruidos, cual cementerios, que sirven para refrescar la memoria, dejando entrever un pedazo de historia.

Foto: Laurent François / Gautier DemouveauxCaminando por la ciudad, solo puedo imaginar lo que ocurrió, en Belgrado y en otros lugares. A lo largo de las conversaciones con los jóvenes que vamos encontrando, una idea se viene abajo: parece como si no consideraran ese período un momento especialmente triste. Recojo el testimonio de Marko: “sí, fue duro, pero era preciso seguir viviendo. Así que bailábamos en los sótanos de los pisos”. Era un tipo de rebelión pacífica, en la que los estudiantes intentaban movilizar la opinión pública mundial intentando dar una buena imagen de la vida serbia.

Censura diplomática

Los estigmas de la guerra están aún presentes. Y, como una ironía de la historia, delante de la embajada americana, aparece el único obstáculo con el que nos encontramos durante nuestro reportaje: un militar que nos pide que borremos las fotos. Habíamos podido fotografiar todo lo queríamos, a quien queríamos, fiestas rave llenas de gente esnifando coca… Todo. Pero no pudimos hacer lo mismo con la pared de la embajada.

Foto: Laurent François / Gautier DemouveauxSin embargo, sí que pudimos ver algo de la guerra de la información. En cada entrada que se publicaba en nuestro blog-diario de viaje, había comentarios que nos hacían pasar por apóstoles de la OTAN o por candidatos del LDP, el partido social-demócrata serbio, con el fin de desvirtuar la información. En esta sociedad de la información, no vi la guerra. Solo la leí.

Gautier:

Exilio y sueños rotos

En estos últimos días de enero, la ciudad de Pristina ha optado por un look desaliñado. Encerrada en un valle, solo en el centro de la capital se aprecia ambiente alrededor de los edificios de la ONU. Los coches blindados -4 x 4 blancos y otros vehículos militares de la KFOR, la fuerza de las Naciones Unidas en Kosovo- obstruyen las calles del centro de la ciudad.

Foto: Laurent François / Gautier DemouveauxKastriot nos cuenta su exilio en Suiza a finales de los años 80. También contamos con el testimonio de Arden, un joven profesor que vive a unos veinte kilómetros de la capital kosovar. Después de acabar sus estudios de geografía, el único trabajo que ha encontrado es el de profesor de inglés. Pero no se queja. Ya no se preocupa más por él, sino por sus primos jóvenes, Liridonana (14 años), Leutrim (13 años) y Dafina (12 años), refugiados en Francia entre los años 2005 y 2007 tras los desastres que ocurrieron en Kosovo a finales de 2004. El pasado septiembre, fueron expulsados de allí junto con sus padres. Leutrim tiene una malformación en la pierna, que pretendía curarse en Francia. Ahora, en el pueblo de Lipjan, corre el riesgo de perder el uso de esta para siempre, él que quería ser futbolista, como todos los niños de su edad. El póster que tiene del jugador del OM, Samir Nasri, lo atestigua.

“Reclamar que Kosovo pertenece a Serbia no tiene nada de nacionalista”

En cuanto a Belgrado, la ciudad ha conservado algunas marcas de los bombardeos de la OTAN de 1999. Pero, a excepción de eso, la capital serbia se parece a otra capital europea. Muchos jóvenes han hecho todo lo posible para olvidar ese período oscuro. Pero es difícil de olvidar. Para muchos de ellos, la independencia de Kosovo no tiene razón de ser. “Sí, los serbios han cometido errores, pero Kosovo es la cuna de nuestro pueblo y ¡no aceptaremos nunca la independencia!”, exclama una joven serbia en el albergue de juventud. “Reclamar que Kosovo pertenece a Serbia no tiene nada de nacionalista”, nos explica el jefe de un restaurante típico de Belgrado. “Entendedme, mi hermano vive en Mitrovica (un enclave serbio en el norte de Kosovo), ¡después de la independencia estaremos separados por una frontera y él ya no se sentirá seguro!”