Sociedad

Tensión constitucional en la sauna

Artículo publicado el 17 de Enero de 2008
Artículo publicado el 17 de Enero de 2008
Sube la temperatura mientras mientras un grupo de jóvenes periodistas europeos se adentran en los vapores del Tatado de Lisboa.

El Tratado de Lisboa firmado el pasado 13 de diciembre establece una nueva norma básica de funcionamiento de la UE. 2008 va a ser un año tenso, pues debe acoger las ratificaciones de todos los Estados miembro para que el tratado entre en vigor a principios de 2009. Nos colamos en una sauna en lo más profundo de Finlandia, donde un grupo de jóvenes europeos se unen en una llamada “actividad social” entre seminario y seminario periodístico. Unos días antes, el tratado había sido firmado. Sus opiniones y acciones so alegóricos del momento que se vivió en los días previos al 13 de diciembre.

Miradillas de reojo entre nosotros, pues sobrevuela en el aire la idea de desnudarnos todos juntos de golpe. Un soplo de aire frío se cuela en la estancia cuando la puerta se abre y deja pasar a las chicas, entrando de puntillas sobre el suelo caliente y se sientan en la grada superior. Durante unos instantes todos permanecemos en silencio, respirando suave y profundamente. La eslovena Lana toma el cucharon de la portuguesa Inés y echa agua sobre la caja que contiene el carbón. El vapor se extiende a todos los rincones mezclándose con las primeras conversaciones. Alguien ha mencionado el Tatado de reforma.

What is the Lisbon treaty really?

“Es la misma constitución, pero con distinto ropaje”, murmura el holandés Lars mientras se lleva un botellín de cerveza a los labios. El llamado “Tratado de Lisboa” sustituye a la “constitución europea” rechazada por franceses y holandeses en 2005, gente como el galo Cedric, que asiente con la cabeza. “Ni siquiera sustituye a los anteriores tratados, como Maastricht o Niza. Apenas los enmienda.” En la habitación neblinosa, Franz, el alemán, está de acuerdo con ellos, pero el irlandés Cian aporta aclaraciones de los que el nuevo tratado aportará. “Un nuevo tipo de liderazgo, al combinar las funciones de responsable de la Política Exterior europea y las del comisario de asuntos exteriores.”

Karol, una húngara entusiasta, es la primera en salir a protestar; de hecho, el parlamento húngaro ha sido de los primeros en ratificar el tratado, el 17 de diciembre. “Nuestros gobiernos nacionales todavía controlan áreas como la defensa o la política exterior”, explica. “El Tratado de Lisboa es sólo un paso más en la integración europea, aquello por lo que la UE se ha inventado. Además, quien lo desee se puede salir del acuerdo e incluso salirse de la UE”, añade la eslovena Lana. Su país acaba de heredar la presidencia semestral de la Unión.

El obstáculo polaco

Alina, polaca, habla en tono fuerte desde lo alto de su grada superior. “Polonia, por ejemplo, igual no ratifica la Carta Europea de Derechos Fundamentales”, recuerda. Como el Reino Unido, su país ha solicitado un “opting-out” de esta carta, de modo que no vinculará legalmente a Polonia.

“¡Me parece increíble!”, rechina Isabella. Esta italiana, cuyo país se manifiesta muy a favor del tratado, opina que “se supone que estamos avanzando todos juntos y que no entra en el espíritu de la UE tomarse el tratado como si fuera un menú a la carta”. Alina matiza: “¡Ya, pero es que contradice la ley polaca!”. Su punto de vista se ve reforzado por la aseveración de los gemelos Kaczynski, cuyo partido conservador dirige Polonia hasta finales de 2007, y que estimaban que la Carta va en contra de su visión en temas como la eutanasia y la homosexualidad. Isabella no se conforma mientras sale de la caldera: “¡Para mí está claro que lo que hay es un caso de discriminación sexual en Polonia!”. La tensión sube en el debate. De pronto un silencio que puede cortarse con un cuchillo invade la reunión, antes de que otra cacofonía de voces insta a bajar la temperaturta del fuego que han avivado. Un ligero clic y la puerta se abre para dejar entrar a Ben, vestido. Este inglés deja que el aire fresco y puro del exterior renueve el ambiente de la sauna. Toda una alegoría de la realidad: el primer ministro británico, Gordon Brown, llegó tarde a la cumbre de Lisboa para firmar el tratado. “Justo a tiempo, supongo”, suelta Ben con guasa.