Sociedad

Una mañana en Banglatown

Artículo publicado el 1 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 1 de Diciembre de 2006
La tasa de desempleo entre los jóvenes alcanza ya el 20% en Tower Hamlets, distrito londinense que acoge a la comunidad procedente de Bangladesh. El gobierno municipal se enfrenta a este problema con consecuencias y reacciones variadas.

“Hoy en día, existe un problema con la juventud”, afirma Yusuf Ahmed, un trabajador de un puesto en el mercado de Whitechapel cuando me lo encuentro durante su rato de descanso. “Los más jóvenes no se identifican con la cultura de sus mayores, aunque muchos de ellos crecieron en hogares en los que se imponía la tradición”. No obstante, aquí, en el corazón de Tower Hamlets, parece que no han cambiado mucho las cosas desde la gran afluencia de inmigrantes de Bangladesh en la década de los setenta. La mayoría de los 65.000 habitantes que conforman la potente comunidad paquistaní, en gran parte musulmanes, siguen ganándose la vida gracias al comercio de productos textiles y de alimentación, o bien regentan humildes restaurantes de especialidad Tandoori, Curry o Balti. Tradicionalmente, siempre han desviado parte de sus ingresos a sus familias en Bangladesh. Pero los tiempos están cambiando.

Inmigrantes de segunda generación

Las fábricas y talleres en los que los más ancianos solían trabajar ya no se utilizan para tal cosa, y se han reconvertido en sedes de sindicatos o bares. De la misma manera, los inmigrantes de segunda generación que pertenecen a la comunidad de Bangladesh no comparten la forma de vida de sus padres. “Sin embargo, estos jóvenes también se sienten diferentes a los jóvenes británicos y se niegan a aceptar de pleno el estilo cultural británico. Se encuentran a medio camino entre una cultura y otra”, cuenta Yusuf Ahmed. No sólo se debaten entre una cultura y otra, sino que también se topan con enormes obstáculos. Según datos que proporciona el rotativo inglés The Independent, el 70% de los niños paquistaníes y de Bangladesh viven en la pobreza. Asimismo, el paro en la comunidad musulmana oscila entre tres y cuatro veces mayor que la media nacional.

La pobreza, el acceso a la educación y las deficiencias en lo que respecta a residencias no son más que algunas de las dificultades que les afectan. A pesar de que estas complicaciones no conducen a un aumento de la criminalidad y de los disturbios de acuerdo con las cifras oficiales, Mohammed Azan, un ejecutivo del centro islámico de Ilford declara que muchos jóvenes musulmanes están cada vez más frustrados. Al contrario que sus padres, ellos siempre han vivido en Gran Bretaña y sus expectaciones van más allá. Ya no quieren que se les trate como ciudadanos de segunda clase”.

Plantar cara al desempleo en una economía próspera

“En los alrededores del distrito londinense de los Docklands existen unos 150.000 puestos de trabajo, pero sólo una pequeña parte de la población que procede de Bangladesh encuentra un empleo”, asegura Marc Francis, concejal del distrito de Tower Hamlets. La cuestión es: ¿discriminan los patrones a este grupo? Gran Bretaña presume de una alta representación de minorías étnicas en los medios de comunicación, en los negocios y la administración si se compara con otros países europeos occidentales. No obstante, el East End londinense continúa siendo una de las zonas más pobres del país y su programa de regeneración sobre las dársenas de Canary Warf atrae nuevos negocios, pero no parece dar empleo al conjunto de habitantes que proceden de Bangladesh. Oficialmente se impone la política de igualdad de oportunidades y la discriminación está perseguida por ley.

Por lo tanto, para solventar tales problemas de empleo e integración, el distrito municipal ha colaborado activamente con líderes locales. En los últimos años, el distrito de Tower of Hamlets ha sido galardonado con el estatus de pionero desde el Gobierno central por “acercarse a las comunidades” y “promover la igualdad racial”, al mismo tiempo que trata asuntos minoritarios. El municipio ha puesto en marcha varios programas, consultas y proyectos destinados a integrar a personas de orígenes y edades distintas. Colabora con líderes de la comunidad para identificar y combatir los problemas de esta comunidad.

Dilemas

Sin embargo, se ha tachado a estos distritos, curiosamente, de discriminadores, de apoyar sólo a las comunidades más fuertes, ignorando a las más débiles y menos numerosas, lo que podría conducir al ascenso de los extremismos religiosos y tensiones entre grupos religiosos.

Hoy en día, las mayores críticas subrayan el trato de favor a las comunidades islámicas por parte de las autoridades británicas: sólo dialogan con los líderes religiosos musulmanes en vez de trazar caminos entre la comunidad musulmana, que es la que contribuye de verdad a la aparición de una identidad “británico-musulmana”. “¿Por qué un ciudadano británico que sea musulmán debe pasar por los clérigos u otros líderes religiosos para comunicar con el Primer Ministro?”, se pregunta Amartya Sen, el Nobel de economía de origen bengalí. La actitud del gobierno no sólo obvia las diferencias entre las distintas ramas del islam sino que además mina la fuerza del Islam moderado. El consejero municipal Marc Francis reacciona contra estas alegaciones: “Las administraciones apoyan todas las actividades y proyectos que ayuden al desarrollo de las comunidades locales y promuevan el entendimiento mutuo, sin tener en cuenta quién promueve las iniciativas”. A su entender, la mezquita de East London y el London Muslim Centre han aumentado sus actividades en los últimos tiempos, arbitrando facilidades e instrumentos de participación ciudadana y poniendo en marcha muchos programas. Por eso han recibido más subvenciones.

En la actualidad, el gobierno trata de contrarrestar e desempleo para mejorar las condiciones de vida de los bengalíes en el Reino Unido. Jim Murphy, ministro británico de Trabajo y Pensiones, aseveró que se hacía cada vez más necesaria una “seguridad social localizada y personalizada”. East London ha sido señalado como área prioritaria para ello.