Sociedad

Yoga para ayudar a mujeres refugiadas en Berlín

Artículo publicado el 25 de Enero de 2017
Artículo publicado el 25 de Enero de 2017

"¿Cómo va a sentirse alguien a gusto en su nuevo hogar si no lo está dentro de su propio cuerpo?". La joven berlinesa Bettina Schuler tiene un sueño: crear una red a través del yoga que una a quienes tuvieron que abandonar su hogar y quienes les acogen. 

Bettina Schuler es periodista, escritora y profesora de yoga en Berlín. Empezó con el yoga a raíz de su embarazo y fue descubriendo paulatinamente su pasión por esta antigua práctica india, para acabar después compartiéndola con otras personas y dando clase.

Pero fue en 2014 cuando Bettina sintió la necesidad de compartir el yoga con quienes normalmente no pueden acceder con facilidad a este deporte meditativo. Las horribles imágenes que mostraban la situación crítica de los refugiados se quedaron grabadas en su retina. "No podía soportar quedarme de brazos cruzados", comenta al echar la vista atrás.

Bettina Schuler llegó a la conclusión de que las propiedades curativas para el cuerpo y alma podrían ayudar sobre todo a personas con graves dificultades. En 2014 se puso en contacto con un centro de primera acogida de refugiados de las afueras de Berlín y al poco tiempo comenzó con sus primeras clases de yoga a mujeres refugiadas. El lunes llamó al centro, el martes acudió y el miércoles ya tenía su primer curso de yoga.

Y entonces llegó Arwa

Al principio tan solo iban unos pocos. Otras veces, nadie. Pero Bettina conservó su optimismo. Arwa Idrees fue una de las primeras mujeres que acudió a su clase para practicar yoga y hoy en día son amigas. Las clases de yoga de Bettina crearon un espacio de intercambio mutuo en un ámbito personal. De esta manera, Bettina no sólo ayudaba mediante ejercicios físicos o de respiración, sino que comenzó a dar cada vez más consejos sobre cómo lidiar con cuestiones administrativas y otras adversidades.

Además de las clases de yoga, con el paso del tiempo fueron surgiendo otros proyectos, desde un concierto solidario en colaboración con la revista Missy Magazin hasta el último libro de Bettina: Norahib bikom' Means Welcome (Norahib bikom significa bienvenido. ¿El subtítulo? "El voluntariado para ayudar a los refugiados: mi experiencia con una familia siria. Una historia sobre la amistad".

El libro relata el encuentro de Betina con Arwa Idrees, quien huyó de Siria. También habla de las primeras asistentes a sus clases de yoga. Ambas se hicieron amigas. Bettina ayuda con los trámites administrativos, sufre la descabellada burocracia alemana y conoce a la familia de Arwa, que se convierte en su segunda familia, según confiesa. "La gente que viene no quiere que se les considere únicamente como refugiados. Está claro que es importante comprenderles y sentir empatía por su situación, pero esto no debe desembocar en compasión", declara Bettina.

Al mismo nivel

"Mucha gente intenta evangelizar a los refugiados y creen que deben enseñarles cómo viven en realidad los jóvenes de hoy en día. Esto es muy irrespetuoso hacia su cultura y hacia el estilo de vida que siempre han llevado. Además de que es lo último que necesitan las personas que se encuentran en situaciones donde su propia existencia está en juego: alguien que les obligue de la noche a la mañana a abandonar aquello que siempre han conocido durante toda su vida. Precisamente, ése es el único salvavidas que les mantiene a flote. Lo que realmente necesitan son personas que les ayuden a encontrar su sitio en nuestra sociedad".

Bettina Schuler quiere lograr que en Berlín exista un lugar así. Un espacio para las personas que tuvieron que huir. Un lugar donde no sólo se ofrezca yoga y otros cursos, sino también asesoramiento profesional y psicológico. Un espacio que devuelva a los refugiados la sensación de estar a salvo y en casa.

Para lograr llevar a cabo este proyecto, Bettina ha creado una campaña de crowdfunding con el nombre de la asociación benéfica  Citizen2Be. "Hay muchas personas a las que les gustaría ayudar, pero solo tienen dos o tres horas libres a la semana. Gracias a este espacio, tendrían la posibilidad de colaborar a menudo como voluntarios. Además, se organizarían reuniones por la tarde a las que acudirían muchos jóvenes". 

La historia y el esfuerzo de Bettina son un ejemplo de cómo en el yoga, igual que en la vida, la creación de lazos y el intercambio con uno mismo y con los demás es muy importante. Al final, ambas partes salen ganando.

La organización Flüchtlingshilfe Bochum ("ayuda a los refugiados") también ofrece cursos similares. Aquí, Raphael Hummel ofrece cursos de yoga para refugiados en la sala de su profesor de Yoga Iyengar. Una vez a la semana, da clases a un grupo de hombres.

Sarah, profesora de yoga y actriz, conocida por su aparición en una telenovela de la televisión pública, imparte clases en un grupo compuesto en su gran mayoría por mujeres, a excepción de un joven que viaja expresamente a Colonia. En una clase viene acompañado de otra persona interesada: Jilan es jesuita y hace ya varios años que se fue de Irak para venir a Alemania. Hace tiempo terminó sus estudios de arquitectura. Además de empezar a trabajar como arquitecta, colabora con mujeres que, como ella, tuvieron que abandonar su hogar.

Muchas mujeres están traumatizadas; no duermen bien. A Jilan también le abruman las historias que las mujeres le cuentan. Es fácil descubrir lo que le atrae del yoga: aprender los métodos que puedan ayudarla a mantener la calma en situaciones de pánico, concentrarse en su propia respiración y relajarse. Los ejercicios donde el movimiento físico va unido al flujo respiratorio logran tranquilizar y, sobre todo, crear lazos con el propio cuerpo. Estos pequeños ejercicios pueden llegar a tener un gran impacto, igual que los pequeños gestos que dan paso a grandes historias. Aunque suene dramático y a la vez simple, es lo que a menudo hace falta en la vida: un poco de iniciativa e intercambio. ¿Y si no todo estuviera perdido?