Me parece muy interesante este nuevo tema, Petunia. Yo, como estudiante universitario, estoy bastante preocupado por la reforma de Bolonia. Y creo que tengo razones: la principal, tal vez, por la falta de transparencia con que se está avanzando en esta supuesta carrera hacia la 'calidad' (es como si unos albañiles reformaran una casa sin consultar primero a sus habitantes).
Me preocupa también que esta reforma -impulsada claramente por intereses de índole económico- pueda acabar con ciertos pilares básicos de la Universidad pública, tal y como la concebimos hoy en día: por ejemplo, con la instalación del sistema de grados -en sustitución a las actuales diplomaturas y licenciaturas- podría derivarse una simplificación de los planes de estudio para orientarlos hacia contenidos mucho más generalistas y más prácticos -orientados directamente a la inserción laboral-. Con esto se perdería la especialización teórica que ha caracterizado siempre a la formación universitaria, y me parece grave. La Universidad debe permanecer, al menos en lo fundamental, al margen de las lógicas económicas, empresariales o del mercado laboral.
¿Más razones para decir NO, de entrada, a este plan? En la elaboración de las programaciones docentes se contempla un seguimiento tutorizado e individualizado por parte del profesor a cada uno de sus alumnos... pero esto, tal y como están las cosas, no es más que un alarde de hipocresía: hay aulas universitarias con más de 120 alumnos por grupo, ¿cómo exigir al profesor un seguimiento tutorizado? Es totalmente absurdo. La idea de personalizar la educación es bonita, pero no se están poniendo los medios necesarios para hacerla realidad... Esto necesitaría: menos alumnos por aula, muchos más profesores, espacios adaptados para los trabajos grupales o dinámicas novedosas en clase (las bancas fijas son incompatibles con la "renovación de las metodologías docentes" que promulga el tratado, y que hasta ahora sólo se ha materializado -al menos en Sevilla- en forma de ridículas 'Guías docentes' en las que se obliga a los profesores a especificar, por ejemplo, cuántas horas de estudio en casa requiere cada uno de los temas del programa).
La sustitución del sistema de becas actual -como el de España- por un sistema de becas-préstamo, en el que los alumnos beneficiarios de beca deben devolver, una vez acabada la carrera, el dinero al banco, también sería un retroceso absoluto. Es injusto que un alumno con dificultades económicas tenga que arrastrar, una vez acabados sus estudios, una deuda al banco: a modo de lastre económico interminable. No me parece bien, ni justo.
En definitiva, es importante que no dejamos -a quienes corresponda- que implanten un sistema que viene a modificar las bases más profundas de la Universidad y que no ha sido consensuado en el fondo ni en la forma con las personas a las que esto atañe: profesores, alumnos y personal de servicios de la Universidad. ¿Quiénes mejor que éstos van a saber cómo es la Universidad que queremos y qué cambios son más necesarios y oportunos?
Un saludo.